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Sobre el libro de Fernando Rueda: “Destrucción masiva” Por Aimane Zoubir Ouassini

Critica

 Fernando Rueda es uno de los periodistas más expertos en la inteligencia española y en las  operaciones de campo en el país y en el extranjero.

Después de su último libro, “Lobo”, que narra las aventuras del informante vasco que contribuyó en los dolorosos golpes contra ETA, Fernando publicó una novela “Destrucción masiva” que presenta la historia de los espías españoles que fueron asesinados en 2003 en la ciudad de Latifiyah, al sur de Bagdad.

   Después de años de exploración, este periodista de investigación pudo instalar los elementos de la historia del fracaso de los servicios de inteligencia españoles para proteger a ocho de sus espías más importantes.

   Antes del estallido de la agresión estadounidense en Irak en 2003, Alberto Martínez, el espía español en Bagdad, había empacado sus maletas para regresar a Madrid, dejando un valioso tesoro de información y su compañero José Antonio Bernal, quien contribuyó a su entrenamiento y le dio todas las llaves para continuar sus misiones de inteligencia en Irak.

   Pero el espejismo de terminar su trabajo en Irak no duró mucho: después de su regreso a Madrid, las fuerzas de inteligencia españolas lo obligaron a regresar nuevamente a Bagdad, acompañado por seis espías españoles, para asegurar las tareas de los soldados españoles estacionados en dos bases en Najaf y Diwaniyah. En ese momento escribió el último capítulo de un desastre esperado, de acuerdo con “Fernando Rueda”, que se refiere a las hostilidades que algunos agentes de inteligencia iraquí habían tenido por Alberto después de que le dieron información valiosa y rompió su promesa de transferirlos a España.

   Antes de la emboscada de Latifia, el servicio de inteligencia español recibió los primeros golpes cuando una milicia asesinó a su hombre en Bagdad, Antonio Bernal, y esa señal no fue suficiente para cambiar los procedimientos de seguridad, lo que condujo a un desastre mayor, llevado por las cámaras de CNN, que accidentalmente estaban cerca del lugar elegido por la resistencia iraquí para atacar la procesión española.

 

   Después de una hora de enfrentamientos, siete de los mejores hombres de la inteligencia española  murieron, dejando atrás cientos de informes que mostraban que Saddam Hussein no poseía armas de destrucción masiva y que el objetivo de las fuerzas que lanzaron la guerra en Irak era saquear los bienes del país.

 

 

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