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“VOLANDO CON ANTONIO CAMACHO GÓMEZ” Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)

Tribuna libre de infomarruecos.ma

 

Hoy me levante, sintiendo una sensación especial. Mí yo físico me decía que seguramente tendría un nuevo viaje astral o desdoblamiento. A los pocos minutos mi ser se estremeció lanzándome a un nuevo viaje interdimensional. Me desperté en la Madre Patria. La España de mis ancestros. Exactamente en Sevilla en donde “mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero”. Ahí mismo en donde ojalá, Tata Dios, decida que muera y que Él abra mi tumba el último día.  Allí en mi desdoblamiento astral, pude conocer Antonio Camacho Gómez, el poeta, actor, crítico literario y teatral. El que dedicó su vida al estudio de la cultura andaluza. Al abrir los ojos y encontrarme con su rostro feliz, me parecía reconocerlo de toda una vida.  Seguramente a través de la poesía que mis tíos y madre decían con excelsa melodía. Lo reconocí en mi primer revoloteo y con su pinta de artista me contó que nació el 29 de diciembre de 1930 en Roquetas de Mar, Provincia de Almería, Andalucía, España. Era mi conocido de toda una vida por escuchar y aprender sus poesías. El Señor Flamenco una vez más presente en mí vuelo racional. No lo puedo creer. Me encuentro entre nubes en Andalucía en donde vivía su familia, se crio estudio y vivió su infancia. “Esa luz de vino, sentimiento, guitarra y poesía /forman los cantares de la patria mía/Cantares/quien dice Cantares dice Andalucía. Lo atrapa la tierra donde surgió el Flamenco, el patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Lugar inmortal de los grandes poetas “Los Machados, Bécquer, Alberti, Guillen, Rueda, Villa espesa, Lorca, Jiménez, Aleixandre y muchos más, entrelazados con los grandes pintores como Velázquez, Picasso y Murillo con la música que los engloba a través de Falla y Paco de Lucia. Andalucía, Andalucía, cuentan que el tiempo te ha crecido/ /azogando tu sueño de palmeras/que has dejado de ser la que antes eras/y que tienes un aire amanecido. //Que el agua de mil manos se ha prendido/fecundando tus secas parameras/ y ha cruzado la sal de tus fronteras/el árbol del cemento estremecido. //Yo seguiré tejiendo mis quimeras//con la rueca tejiendo de luz de tu bahía :/con aquel viejo niño que corría // embrujado en tus ansias verbeneras, /cuando más que durmiente, mi Almería, eras velera que esperaba el día. Una de las cumbres de la poesía española, me sonríe con un guiño de ojo como subestimando su estirpe, proclamando jocosamente que alcanzó popularidad gracias al encanto de Federico García Lorca.  En cambio, en el luminoso ambiente andaluz dejará pintado con vívidos colores sus recuerdos para la eternidad. Estaba conmigo, una vez más, el que toreó en una plaza de toros armada dentro de un estadio y con gallardía le canta desde el cielo a la bravura de los toros y a la gloria del torero, a la guitarra y al « cante jondo », inspirado a muchísimos poetas populares. Es el poeta, actor, crítico, estudioso de la cultura andaluza, quien me trasmite su pasión por el amor de su vida. Su Helena, bajo un especial lamento andaluz. “Cuando el Himalaya /se derrumbe/ y el oro de los tigres/brille en la llanura, /tu vos seguirá resonando/ en mis oídos despiertos / como canto desvelado.//La furia de los mares/no mellaran tu ausencia/ ni el diapasón apagará/ la nota que te ensalce.//¿Eres , acaso, la sibila/de mis sueños rotos?//¿Redimirá tu tránsito,/de pozo en sombras, /mis preces en el altar/ de tu silencio ¿ //Reposa, amada, que una luz /inextinguible/resplandece en las tinieblas/ y mi espíritu insomne/ aguarda tu llamada”. Es que mi amigo Andaluz, amó a quien quiso amar. Nadie sabe más que él de los orígenes, destinos y futuros posibles de esa música y cultura maravillosamente mestiza, híbrida, visceral y humana hasta las tripas que es el flamenco. El folclore de la vieja España árabe y gitana. Ese algo que nos llega al alma y nos hace llorar. La cara de la alegría, bulliciosa y festiva. El sentimiento permanente traducido en la música a través del cante, el baile y la guitarra a la que siempre amo con eterna pasión. Es que a Camacho nadie le contó la vida que debía vivir. Vivió la vida que quiso porque fue lo que quiso ser. En secreto y a su modo me confiesa encuentro con Jorge Luis Borges como ese “monstruo Sagrado” de la literatura argentina con el que logro una autentica comunicación y un cálido intercambio amical. Cuando me doy vuelta Antonio desaparece y solamente escucho una voz diciéndome. ¡Qué español más cabal, / qué viejo su linaje! / Pero ya se ha dormido / sonriendo al misterio, / soñando con claveles, / manzanilla y tomillo, / con toros y caireles / con mozas y verbenas. // Ya recorre los campos / de su Níjar natal / de espaldas a las penas / como viento, agua y fuego / sin memoria y sin prisa. / y un aire de fandango, de añeja bujería / acaricia su frente / por cielos de Almería. / ¡Adiós, Manuel, adiós!, / gritan los bronces / de todas las edades, lloran las cuerdas / de todas las guitarras, / claman barrancos, cumbres y praderas, / porque el resto es silencio, / porque eterna es tu ausencia”. Amo a la Argentina al que llegó en el transatlántico Esperanza, que zarpó desde el Puerto de Cádiz al de Buenos Aires en un viaje de 12 días. Llegó a Santa Fe y empezó a escribir. Escribió poesía desde los 12. Durante un tiempo estuvo trabajando en Posadas, Misiones, en distintos diarios. Llegó a ser crítico teatral y literario, jefe de la sección Cultura, secretario de redacción y editorialista. Publicó una gran cantidad de libros de poemas, hasta grabó un CD con un cantautor y una bailarina santafesina. Lo único que le quedó por hacer a Camacho fue ser actor de Hollywood. Era un sueño. Que lo logró ahora que no está entre los Ángeles del cielo. Siempre logro lo que quiso y a su estilo. De nuevo como en la mayor parte de mis relatos siento que un hilo brillante invisible como el cordón rojo del destino me distancia de mi amigo. Un hilo rojo al que no puedo imponer mis caprichos ni tampoco romper ni deshilachar. Un hilo rojo directo a mi corazón me lleva nuevamente a mi cuerpo físico. Hilo como un aurea encendida, que me conecta en mis éxtasis a los más profundos misterios, que simbolizan el antes y el después. En esa transformación, observo a Antonio caminando, recitando los versos de Antonio Machado y de García Lorca mientras lanza imágenes quiméricas, paciente, lápiz en mano, poniéndole orden, juicio y poesía a la maraña de fantasías que ha invadido su habitación eternal. Gracias poeta, periodista, escritor, ensayista, lexicólogo, narrador, conferencista, recitador, autor, actor teatral y crítico de arte. Dulce viaje, algún día nos volveremos a encontrar.

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